Brotes


Lunes 03 de Agosto, 2020

La pandemia que nos aflige y que nos tiene distanciados físicamente, que ha sembrado dolor en tantas familias con la muerte de seres queridos a los cuales no se ha podido despedir como acostumbramos, que siembra también incertidumbre ante el futuro, va también logrando que broten cosas buenas en nuestra sociedad y que son signos de mucha esperanza que hemos de saber cuidar para que lleguen a ser fruto maduro en medio nuestro. Pienso que uno de esos brotes hermosos que hemos de saber cultivar es que, en medio de tanto dolor, con fuerza hemos aprendido a mirarnos y a darnos cuenta que nos necesitamos unos a otros y que en el trabajar en espíritu de comunidad es como lograremos vencer esta pandemia y salir delante de la postración que ella va produciendo.

Uno de los males que había cundido en medio nuestro era el individualismo, no siempre teníamos los ojos abiertos para valorar y agradecer todo aquello con lo cual los demás van contribuyendo para el desarrollo de nuestra vida. Sin duda, lo primero en esto ha sido el aprender a valorar más la familia, sí lo sabíamos, pero no siempre lo vivíamos y ahora anhelamos el día de poder volver a encontrarnos y abrazarnos con todos aquellos que son de los nuestros; y con los que nos ha tocado vivir la cuarentena, aunque ha veces ha sido difícil y hay cansancio y tensiones, sin embargo nos damos cuenta que el único lugar donde se nos quiere y aguanta porque sí, es en nuestras casas y son los nuestros los que nos acogen, entienden disculpan , animan  siempre. Más allá del hogar, cuánto valoramos y agradecemos por quienes nos llevan la basura, personas  que pasan de noche , no conocemos, pero ahora más que nunca sabemos que están ahí ayudándonos para que  tengamos mejor vida, ahí están quienes atienden lo almacenes, quienes están en los servicios públicos, las autoridades tratando de responder a tantas y urgentes necesidades, los políticos discutiendo leyes que favorezcan a todos, para qué decir los médicos y personal sanitario, los carabineros, los miembros de las fuerzas armadas, los dirigentes vecinales, las comunidades de Iglesia, tantos jóvenes y adultos deseosos de servir etc. Sí, hay mucha gente sirviendo y colaborando de diversas maneras, uniendo manos y voluntades para servir y dar esperanza. Cómo país estábamos muy alejados unos de otros; desigualdades, odiosidades, violencia ponían distancia entre nosotros y nos costaba entendernos. Sin duda todavía falta mucho para superar todo esto, y es una tarea pendiente, pero la pandemia, con dolor nos ha llevado a saber mirarnos, ver lo que no queríamos ver y tratar de ayudar para que nuestra patria sea esa gran mesa donde todos se puedan sentar y nadie se sienta excluido.  En Chile, todos contamos; podemos tener desacuerdos, pero como en toda familia hemos de buscar y dar lo mejor de cada uno para saber reencontrarnos, construir y no destruir lo que tanto ha costado. En el campo de esta pandemia surgen brotes de esperanza, quiera Dios que los cuidemos y que no los arranquemos. Confiemos que, como fruto de tanto dolor: caminos de justicia, paz y entendimiento surjan en nuestra sociedad chilena. Cuidemos los brotes que ahora aparecen y nos dan esperanza, esto es tarea de todos,Dios nos ayude