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Iquique celebró el Día de la Vida Consagrada
15 de Agosto, 2009
Una hermosa y concurrida eucaristía en la Catedral Inmaculada Concepción congregó a consagrados y consagradas presentes en la diócesis de Iquique para celebrar, el día de la Asunción de la Virgen y con ella, el Día de la Vida Consagrada.

En esta celebración eucarística estuvieron presentes las distintas congregaciones que prestan su servicio pastoral en los diversos sectores de la diócesis de Iquique: Santa Marta en Pica, las hermanas Misioneras Eucarísticas de María Inmaculada en Pozo Almonte, Misioneros del Verbo Divino en Huara. Las congregaciones presentes en la comuna de Alto Hospicio: Familia de Corde Jesu, San Columbano, Hermanos Maristas, las Hermanas de Presentación y los padres Salesianos de San Juan Bosco, quienes además trabajan en Iquique.

También asistieron las comunidades que realizan su labor evangelizador y pastoral en Iquique: Franciscanas Misioneras de María, Hermanas del Buen Pastor, María Auxiliadora, Preciosa Sangre, Hijas de la Caridad, Don Orione y los padres de los Sagrados Estigmas de Nuestro Señor Jesucristo, además de algunos sacerdotes diocesanos que acompañaron esta celebración. Especial saludo del Obispo y sus pares, recibió el Hermano Paul Oden, encargado de la Fundación Niños en la Huella, quien cumplió 60 años dedicado a la Vida Consagrada.

En la oportunidad, Monseñor Marco Antonio Ordenes Fernández destacó la celebración de la Asunción de la Virgen, "la dulce doncella, la hermosa niña que no conoció pecado, conoce ahora con la totalidad de su cuerpo y su alma, la Patria eterna del Cielo. La Iglesia le dice Salve Señora, y la despedimos y anhelamos y entonces la invocamos porque es el lucero que ilumina el peregrinar de los cristianos. La Asunción de la Virgen para los cristianos, es la memoria de la carne que entra en Dios, de la naturaleza humana, del barro que se había caído y que se había pecado, pero también es la memoria del barro que es totalmente transformado, tocado y redimido por el Señor".

"Este es nuestro también nuestro anhelo: queremos estar también en esa misma tierra, queremos entrar en esa misma patria en donde está María. Por eso que esta memoria es además un grito de esperanza que debe guardar la Iglesia", añadió el Obispo de Iquique y agregó que Dios "nos ha regalado a su Hijo, pero lo ha regalo para que la Iglesia lo transmita. Esta es nuestra realidad: nosotros transmitimos al Señor y somos invitados a dar testimonio de Él, desde nuestra realidad, desde un barro que busca la eternidad, pero que es barro. Un barro que desea la santidad, pero que está marcado por el pecado y está siendo constantemente perseguido por el dragón".

"Esta es la realidad de los consagrado y de la vida religiosa. Un consagrado no es un culmen de santidad sino que es un discípulo, una discípula que entran en el misterio de Dios, que comienza a entregar su vida y Jesucristo empieza a tomar posesión de ella. La vida religiosa, antes que nada, es un llamado a ser discípulos de Cristo", señaló y dijo se preguntó "pero ¿cómo se puede ser discípulo, discípula en la realidad de este barro y tentado por el dragón?. ´Feliz tú, que has creído´, fueron las palabras de Isabel para María. Ahí está el secreto: en el creer en Dios y amándolo".

También afirmó que la transformación de la vida religiosa para estos tiempos "para poder enfrentar los cambios de época, para poder ser testigos en el mundo del Tercer Milenio, se produce cundo refundamos el corazón en Jesucristo.



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