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Domingo de Ramos Diócesis de Iquique: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”
15 de Abril, 2019
Ramos de olivo y palmas, se tomaron las calles de las diferentes Parroquias y Capillas de la región, recordando así, la entrada triunfal que tuvo Jesús a Jerusalén como el hijo de Dios.

Distintas comunidades de nuestra diócesis celebraron uno de los momentos más emblemáticos de nuestro Señor. Procesiones, representaciones de la gran entrada de Jesús a Jerusalén, eucaristías, entre otras actividades, se tomaron las calles de Iquique, Alto Hospicio, y pueblos del interior.

Las actividades se comenzaron a ver desde temprano, donde desde las plazas o alrededores más cercanas de las comunidades, se reunieron para comenzar con una pequeña entrada a los templos donde se desarrollaría la fiesta eucarística en esta Semana Santa. Familias completas se unieron con ramos alabanzas y cantos, para darle la bienvenida nuestro Señor.

Los más pequeños también tuvieron la oportunidad de celebrar y vivir este Domingo de Ramos en algunas comunidades, realizando representaciones y disfrutando de actividades previas a la eucaristía.

Con este Domingo Santo, se da inicio a una semana que marcan los momentos previos a la pasión, muerte y resurrección del Señor. La invitación es a unirse en familia, vivir este periodo con profunda fe y amor.   

Domingo de Ramos

Este domingo 14 de abril celebramos el Domingo de Ramos dando alusión a la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde el pueblo vitoreaba y gritaba eufórico “El rey de Israel” “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Lc.19, 28) todos con ramos de olivo, símbolo de quien es Cristo, aquel que conoció el horror de la pasión y para luego renacer en gloria y majestad en la Resurrección.

Hombres, mujeres y niños vitoreaban “Hosanna al Rey”, para luego condenarlo con la fatídica palabra  “Crucifícale” .Desde el Domingo de Ramos en la entrada triunfante hacia Jerusalén veremos a un Cristo humillado  que a pesar de su condición no alardeo sobre su categoría de Dios, al contrario, actuó como cualquier hombre , rebajándose hasta la muerte de cruz, obedeciendo la voluntad del Padre, y todo por amor, su mayor prueba  de decir que él era Dios, capaz de dar la vida por todos en redención de los pecados. Y lo más importante de toda esta actitud de Cristo frente a los que lo condenan, es que él se sometió a la muerte, nadie le quita ese privilegio, la entrego voluntariamente por cada uno de nosotros, demostrando que el amor es capaz de todo, incluso dar la vida propia por los que amaba, para que fueran libres y no sufrieran. Ese fue un gesto inigualable, ya que nadie amo tanto hasta dar la vida, en estos tiempos ni en otros hemos sabido de cosa igual. Eso solo lo puede hacer Jesús, quien amo hasta el final en esa cruz llena de dolor y sufrimiento “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, pidió a su padre por todos,  y nos recomendó orar para no caer en tentación, porque el mismo entro en la penumbra de la soledad de la tentación allá en el desierto, arrodillado y sumido en agonía oraba al Padre a la hora de su muerte, “Padre que pase de mi esta copa”, cae  en la tentación, pero sale airoso diciendo” Que se haga tu voluntad no la mía” y nos invita hoy a nosotros a seguir su camino para vencer a Satanás sobre toda las tentaciones que nos ofrece. Jesús, desde su camino al calvario no olvida a ninguno de sus hijos quienes le fueron entregado por su Padre, da consuelo, perdona, olvidándose de sí mismo y nos invita a la conversión, desde la cruz perdona y regala su reino al ladrón que arrepentido reconoce que Jesús   no merece morir y le pide un lugar en su reino. Y este ladrón sin conocer a Jesús se mereció un lugar en el cielo. Esto porque la muerte de Jesús salva a todos, el que lo acepta, obtiene la salvación, aun a aquel que no cree en él, le escucha.

Con la procesión del Domingo de Ramos ya aclamamos la resurrección que viene llena de esperanza, porque Jesús ha vencido sobre la muerte y aunque se diga que es una Semana Santa más en la vida de cada uno, no es así, ya que cada año Jesús se nos manifiesta de manera diferente en nuestros propios calvarios de la vida que tenemos, y en cada uno de ellos Jesús revive el propio para estar cerca de nosotros. Y esta manifestación se hace más clara cuando vivimos la Eucaristía que es Memorial y Promesa, Sacramento y Sacrificio “He deseado enormemente comer esta pascua con vosotros”.  El Señor se ofrece como alimento de vida eterna hasta hoy y siempre.

Pastoral de Comunicaciones



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