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Revisa aquí: " Carta entregada al Papa Francisco para la Coronación de la Virgen del Carmen"
15 de Enero, 2018

Papa Francisco: 

Nosotros, los integrantes de los Bailes Religiosos, reunidos en la Federación Tirana, llegamos con devoción hasta este lugar para encontrarnos contigo, querido Santo Padre Francisco, sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal.

Venimos como peregrinos, en compañía de la venerada imagen de la Virgen del Carmen de la Tirana, Madre, Reina y Patrona de estas tierras del Norte que, con ocasión de tu histórica visita apostólica, ha dejado su santuario para que sea coronada por ti, y la proclames para nosotros sus hijos, nuestra Reina y Madre.

 Con el esfuerzo de nuestras sociedades Religiosas, mandamos a confeccionar a la ciudad del Cusco, Perú, estas coronas que hoy ponemos en tus manos. Son el signo de nuestra entrega a María, la Madre del Señor, pues desde los primeros momentos del Evangelio en estas tierras y en todo el continente, ella ha estado siempre presente.  Fue en la Pampa del Tamarugal, tierras de desierto y siempre periféricas, que el designio de Dios estableció una casa para la Señora quien, vestida con el hábito del Carmen, se constituyó en nuestro refugio, amparo y consuelo. Desde ese primer tiempo hasta ahora, ante ella se enjugan nuestras lágrimas, se confiesan los temores y se expresan nuestras esperanzas.

 En estas tierras nos acunó, nos vio danzar, cantarle con cariño, invocarla con fervor, y nos comprendió en la realidad de nuestra cultura; y así junto a su Hijo nos amó. Ella contribuyó a unirnos bajo una nueva bandera a pesar de los dolores después de la Guerra del Pacífico[KA1] , dándonos un corazón que puede acoger a todos, sin discriminar . Ella siempre ha tenido las puertas de su corazón abierta, cuando muchas se cerraban o nos miraban con menosprecio. Y hoy sigue con nosotros siendo nuestra estrella y guía en el camino. Avanza con nosotros, nos anima al encuentro con el Señor y nos alienta a confiar en las promesas de Dios. Ella es la mujer valiente de nuestra fe que en esta hora de la historia nos ilumina para ser testigos y discípulos de Jesús, con nuestra identidad andina y cristiana,  manifiesta en un catolicismo mestizo.

 Ella sabe de nuestras alegrías y tristezas, conoce el fondo de nuestro corazón; por ello que en una simple mirada de amor a su imagen se manifiesta todo lo que somos, tenemos y anhelamos. Somos su pueblo, sus hijos, sus devotos. Por ello ¿Cómo no pedirte, Santo Padre,  en esta hora histórica de tu paso entre nosotros, que corones con tus manos esta imagen, sellando nuestra alianza de amor con ella? Tú que amas y busca lo simple, comprenderás lo que intentamos decirte, pues ante el amor sobran las palabras.

 La corona que traemos contiene símbolos que brotan desde la memoria ancestral de nuestra identidad, y que se unieron al anuncio de Jesucristo, nuestra Buena Noticia. Aquí está la cruz unida al sol. En ello se manifiesta el modo de vivir la fe en estas tierras nortinas: un catolicismo unido a la danza, la fiesta religiosa, las promesas y las costumbres que guardan el cariño y respeto por la tierra, la Pachamama, y las diversas formas de reciprocidad y cuidado de la comunidad. Nuestra identidad humana y cristiana está enraizada en estas expresiones; y aunque para muchos pueda parecer distinta, es totalmente legítima, pues bien sabemos en el fondo de nosotros que, Dios y la Virgen nos aman y nos miran siempre con cariño.

 Estas coronas no sólo traen la belleza del arte y la nobleza de los metales: Ante todo contienen nuestros corazones y las plegarias que hemos levantado. Por ello que, al momento de que las coloques en la cabeza la imagen de María y el Niño Jesús, se levantarán en nuestros corazones diálogos de amor: esos simples y sinceros, donde más que las palabras, es lo que expresa todo nuestro ser. En este instante de coronación nos reconocemos sus hijos, y uniéndonos a tus manos de pastor, diremos en nuestro corazón:

 

¡Madre! ¡Soy tu hijo, soy tu hija!

Sé que me amas y que ruegas por mí,

Y que vives pendiente de mis pasos.

Por eso, volvamos a renovar nuestra Alianza:

“Tú siempre junto a mí, yo siempre junto a ti”

 

 

En este texto dejamos memoria de este acontecimiento para recordar en el tiempo futuro este momento y recrearnos en nuestra identidad, pues la memoria de nuestra fe siempre camina junto a su pueblo.

 

Querido Padre y Pastor Francisco, recibe estas coronas y únete a nosotros, a nuestra historia de fe, a este amor a la Chinita del Carmelo, y al coronarla como nuestra Madre y Reina, nos renueves en la fe como hijos e hijas de la Iglesia, que peregrina hacia la Patria del cielo.

 

 

Te saludan y ruegan también por ti, tus hijos y hermanos en la Fe de este Norte Grande de Chile, miembros de los Bailes Religiosos, unidos a todos los peregrinos de este Norte Grande.

 

 

 

Presidente de la Federación Tirana

Juan Pablo Maturana

 

Asesor General de los Bailes Religiosos

P. Javier Saez

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