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"Homilía Figurativa": En memoria de Julio Romero Corrotea
10 de Abril, 2018

En memoria de Julio Romero Corrotea a quien el Señor llamó el lunes 12 de Marzo de 2018.


Cuando el artista mural terminó la imagen de Dios Padre Creador, y de suHijo Jesucristo, que venía a complementar el vitral de la mampara principal dela Parroquia Espíritu Santo, se le encargó al ojo crítico de don Julio Romero,antiguo feligrés de la comunidad, un comentario desde la perspectiva del artea la nueva obra, que integraba el arte del vitral y el arte del mural en una solaexpresión plástica.

La edición de este comentario era una deuda que no fue posible cumplir en lavida de don Julio y que ahora para sus familiares y descendientes publicamoscon admiración y gratitud.

 

HOMILÍA FIGURATIVA

La parroquia del Espíritu Santo incorpora a su estructura una vidriera-mural. A la manera de la emergente novela gráfica, objetiva, basada en protagonistas bíblicos, una “homilía figurativa”. Por medio de imágenes se nos exhorta a “evangelizar”. Mensaje ilustrado que, en eta sociedad de la información, equivale a “más de mil palabras” favorables.

Según el historiador Romolo Trebbi, ya en el Paleolítico, 18 mil A.C, la pintura mural rupestre más que decorativa, significaba algo. Para el hombre, la representación de animales (mamuts, bisontes, renos…), mágicamente, propiciada a la caza.

A través del tiempo, los mensajes gráficos en las paredes provienes de diversos sectores: política, comercio, etc. Para la religión han sido instrumentos evangelizadores. Así, los pasajes bíblicos representados en el exterior de los templos, fueron “leídos”, incluso, por los analfabetos en el medioevo.

No conocemos los propósitos del autor vinculados al vitral mural. Y dado que la crítica especialista hoy considera el productor artístico como un ser autónomo, independiente, ajeno a las intenciones de su creador, tratemos de escudriñar, que hay tras la Trinidad encarnada en el mural. Será necesario, recurrir al lenguaje primigenio, de poses y gestos: 

Las figuras de la vidriería mural, en armonía con las metáforas del lenguaje alegórico de Jesús, semejan íconos, trascienden lo que vemos. La trinidad, cual tráiler cinematográfico, parece sintetizar las Sagradas Escrituras por medio del aparente rol del “las tres personas” en la tarea de conducir a la salvación.

La actitud de Yavé (Dios Padre), expresando su angustia por la dolorosa misión confiada a su “hijo amado”. Jesús, rodeado del cúmulo de albas nubecillas (¿evocan corderos), con su rostro severo, acusador, y los brazos extendidos, nos recuerda el holocausto, “voluntariamente aceptado”. Parece reprender, nuestra indiferencia evangelizadora.

Y el Espíritu Santo, encarnado esta vez en paloma, con su suave aleteo acorde con la teoría de la impredicción, expande la Buena Nueva desde el monoteísta pueblo elegido hasta “los confines del tierra”.

Margaret Mead, antropóloga norteamericana, sostiene que, aunque a otro nivel, la historia se repite. Hace dos mil años, emergió el cristianismo, enfrentando la corrupción que demolió el imperio romano (pedofilia y demás perversiones)

En el siglo XXI, hemos retrocedido hasta entonces. El mural de la parroquia Espíritu Santo es una homilía que nos urge a evangelizar, a luchar contra esas y otras degeneraciones. Nattino, afichista académico, lo describía: “¡es un grito en la pared!”.

 

                                                                                                                      Julio A. Romero C.

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