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Boletín Pastoral "La Verdadera Gratuidad"
12 de Marzo, 2018
La Cruz lleva consigo el misterio de la perfecta Alegría.

La que genera Alegría y Vida en Abundancia

Cuando la fe del pueblo de Israel estaba desahuciada, cuando la Antigua Alianza se caicaturizaba en la realidad del Templo, lugar sagrado, donde Jesús manifestó su más grande furia, allí Jesús ofreció ir personalmente a la propia destrucción para volver a levantar lo que estaba derrumbado y en el piso ya hace tiempo. Las palabras proféticas del Señor son en este cuarto Domingo trabajadas con exquisita finura por San Juan Evangelista “De la misma maneraque Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en lo alto” El motivo por el cual esto es necesario, lo explica San Juan más adelante:“ y yo, cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). San Pablo en la segunda lectura nos dice que todo esto lo ha hecho el Señor, porque es rico en misericordia. Dios, en la persona de su Hijo, nos ha venido a abrazar para liberarnos gratuitamente de la muerte y detoda corrupción. Esta última, condición en la que permanecemos cuando ejercemos nuestra libertad de manera autónoma, apropiándonos de las cosas y de las personas, pretendiendo equivocadamente ser sus dueños. Aquí se cruzan dos grandes temas: la propiedad y la libertad. Nosotros creemos equivocadamente que el mundo nos pertenece. Se nos olvida el hecho de que si hay algo que la Sagrada escritura nos recuerda es el hecho de que Dios nos ha regalado ser administradores, pero no dueños. Los viñadores asesinos, que nos habla el Evangelista Mateo, lo son porque se rebelaron contra el dueño de la viña. Así el pecado reina en cada corazón que se cree dueño de algo o de alguien. No por nada San Pablo nos invita a vivir con esa actitud de nos ser dueños de nada (1 Cor7,29-31) Cuando el Pueblo de Israel, sus reyes o su gente se sintieron dueños del plan de Dios, todo se corrompió, hasta la realidad del templo. Donde la expresión más burda fue intentar comprar los favores divinos o convertir al prójimo en esclavo, por medio de prácticas de extorsión económica. El mensaje central de este cuarto domingo de cuaresma es precisamente glorificar la obra absolutamente gratuita que Dios ha querido realizar por medio de suamado Hijo.

LA VERDADERA GRATUIDAD PROVIENE DE DIOS.

La obra del Padre ejecutada por Jesús no se mezcla con ningún interés mundano. Lo que le interesa a Dios es que su obra, el ser humano, pueda experimentar vida en abundancia. Cuando esta vida queda imposibilitada de brillar, entonces Dios actúa, de manera extrema inclusive. No por nada San Juan Evangelista pone estas palabras para explicar lo que Jesús hace la noche de la Santa Cena, momento con el cual iniciaremos este año el llamado triduo pascual “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo...” (San Juan 13,1C) es decir, Jesús actúa, en primer lugar en favor de los que han recibido una palabra, estando éstos en condiciones precarias (en el mundo puede significar la peor situación). Pero además reciben de Jesús su propia carne y sangre como verdadero alimento que testimonia el amor gratuito de Dios. De este modo Jesús se dispone a entregar su propia vida para que los que reciban este doble alimento puedan experimentar vida en abundancia. Ese es amor extremo. Porque ama incluso a los enemigos. Este es el amor más excelso que se haya podido experimentar alguna vez. Y es gratuito, porque no hay nada que pueda equiparar la fuerza de su entrega. Lo que sigue es solo poder responder con amor, o mejor aún, compartir este mismo amor con otros, que es en definitiva la misión de la Iglesia, que no tiene nada que ver con algún tipo de proselitismo religioso. Comunicar la fe es compartir el amor primero y fundante de Dios con otros, con todos. En este sentido el amor de Dios porque es gratuito es libre y totalmente respetuoso y hace digno a la persona que lo acogen libremente. Esta gratuidad edifica y es capaz de ser compartida hasta el extremo por aquel que lo recibe y así ese mismo amor actuante no se agota, no se desgasta ni se acaba. La verdadera y excelsa gratuidad le pertenece a quien de verdad la puede generar: Dios. Y se comunica por medio de su Cuerpo, la Iglesia.

 

Padre Carlos Hernández Vásquez



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