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Quinto Domingo de Pascua
Boletín Pastoral: Avanzar con la certeza de vivir plenamente
13 de Mayo, 2017
Jesucristo nos ofrece lo mejor que pudo habernos pasado en toda nuestra vida. De esta realidad estamos llamados a ser sus testigos. La vida de Jesucristo es extraordinaria. Llena sentido, verdad y vida.

Qué bueno nos hace saber, precisamente, en este tiempo Pascual, que Jesús nos ofrece certezas tan grandes, que involucran absolutamente toda nuestra existencia, con la experiencia vital de la vida, que se verifica en nuestra propia historia, por medio de Jesús el Hijo de Dios. Nos unimos por la fe a las realidades que cautivan todo nuestro ser, de tal manera que podamos en este tiempo dar testimonio con toda nuestra vida que con Jesucristo no experimentamos ningún vacío en nuestras vidas. Al contrario, por medio de Jesucristo, podemos afirmar con propiedad: CONFIESO QUE HE VIVIDO.

JESÚS ES EL CAMINO: Esta afirmación que Jesús hace de sí mismo nos evoca lo que es una senda, una dirección, una ruta. Pero cuando en esta afirmación Jesús se equipara con el Camino ¿qué está queriendo señalar? En el Antiguo Testamento el Pueblo de Israel tuvo que tomar necesariamente una ruta por donde avanzar desde que salió de Egipto hacia la Tierra Prometida. En ese recorrido Dios por medio de Moisés trazó el camino por donde avanzar, y lo hizo no sólo de manera mecánica, no era cosa sólo de tener un GPS para poder realizar un trazado en un plano territorial. El Pueblo de Israel, junto con caminar, tuvo que adoptar actitudes que Dios le fue señalando incluso en todo de exigencia. Como un Padre que educa a un hijo para que este último camine por una senda que le ayude a crecer y a madurar. Entonces, cuando Jesús se define a sí mismo como el camino, lo que está haciendo es afirmar que Él, precisamente, encarna el camino que conduce a la mejor meta. La mejor y más excelsa dirección que le podamos darle a nuestra vida es la que nos señala el propio Jesucristo, por medio de sus palabras y gestos. Cuando acogemos al Señor Jesús en nuestras vidas le estamos dando a nuestra existencia la mejor dirección.

JESÚS ES LA VERDAD: Dice el Señor en el Evangelio de San Juan: 17:17 "Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad". Según Jesucristo la verdad para que sea verdadera verdad: debe santificar, sino es una verdad a medias, no totalmente madura. La verdad plena santifica. ¿Qué quiere decir esto? que la verdad como tal, no es meramente una respuesta intelectual, es una experiencia de vida que se expresa en variadas formas de santidad. Por eso que desde esta perspectiva se entiende por qué Jesús guardó silencio a la pregunta que Poncio Pilatos le hizo (Jn 18,38) la verdad no es simplemente respuesta a una duda intelectual, quiere ser ante todo una experiencia plena, que se expresa en una vida extraordinaria, como la de Jesús, y esto es imposible responder desde una torpe pregunta, como la que le hizo Pilatos, porque en definitiva toda la vida y ministerio público de Jesús demuestra y testifica la verdad que él viene a señalar, no por nada dijo Jesucristo al propio procurador romano: "He venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.» (Jn 18,37) Jesucristo es con toda su historia y toda su persona testigo de la verdad. Su vida es extraordinaria, es decir, Santa.

JESUCRISTO ES LA VIDA: Atendamos lo que señala San Juan en 6:63 «El espíritu es el que da vida. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida". Es decir, la vida que no considera el Espíritu no es vida. No basta querer hacer cualquier cosa bajo el argumento que porque estoy vivo y soy libre lo puedo hacer, hay cosas que puedo hacer, pero que pueden estar dañando profundamente el espíritu humano. Nos estamos refiriendo en definitiva a la vida plena, la vida que considera todos los aspectos. Un ejemplo: un ateo o un agnóstico pueden disfrutar de la vida, pero la perspectiva que tienen de todo está coartada, deficiente, limitada. ¿Por qué?, porque no considera aquello sobre lo cual se sustenta la vida, y eso es el Espíritu, el impulso primero de la vida no me lo doy yo mismo, yo puedo decidir, yo puedo elegir, pero sobre la vida que es un don y que se me ha dado. El Espíritu nos lo da Dios. Yo no. Y al señalar Jesucristo que Él es la vida, significa que la vida que Jesús nos ofrece no sólo tiene la mejor ruta, no sólo es verdadera, es plena y llena de sentido: Santa y magnífica. Finalmente: este quinto Domingo de Pascua, es una invitación a recibir de parte del resucitado una senda de salvación, una verdad que le da sentido a todo, y una invitación a no temer abrazar la vida que conlleva acoger a Jesucristo como nuestro salvador y mesías. La fe que podamos expresar en la persona de Jesús, lejos de coartar nuestra libertad o menoscabar nuestra dignidad, con la fe en su persona, al contrario, podremos experimentar sentido total, en todo lo que emprendamos, realicemos y esto no sólo en las grandes cosas, sino desde lo cotidiano. Hasta la eternidad, como don de vida eterna que Dios me ofrece por medio de la persona de Jesucristo. Cuando no acogemos esta invitación le abrimos la puerta a otras convicciones, la mayoría de ellas tan llenas de egoísmo como lo que está a la base de todos los hechos de corrupción que hemos tenido que afrontar como país los últimos años, meses y días. CICLO C 



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