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Tercer Domingo de Pascua
Boletín Pastoral: DIOS SALE A NUESTRO ENCUENTRO, INCLUSO, CUANDO NUESTRA VIDA HUELE A FRACASO
30 de Abril, 2017
Cuando Dios sale al encuentro de los hombres lo hace para salvarlos y dales una nueva oportunidad para vivir no de a migajas, sino para que experimenten abundantemente su propio amor.

Nada se compara con la experiencia de sentirse rescatado del sin sentido y de la mediocridad de la existencia, cuando la vida pierde todo valor para nosotros, cuando parece que lo mejor que podemos hacer es marcharnos, irnos lejos, abandonarlo todo, incluso morir. Porque irse es muchas veces la antesala de morir. Finiquitar un camino de manera abrupta, sobre todo cuando las expectativas que uno tiene se desploman de la noche a la mañana. Eso es precisamente de lo que nos viene a hablar el Señor en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua. Antes de que el alma de los discípulos, que se alejaban de Jerusalén y se dirigían a Emaús, cayeran en el abismo de la desolación (primera lectura) Dios, en la persona de Jesucristo, les sale al encuentro, y, por medio de una palabra cercana, les regala, a estos apesadumbrados hombres, poder hacer una relectura de sus vidas, por medio del don de la fe y así, mirar, ahora, luminosamente la realidad, experimentando vida en plenitud, hasta tal punto que, este ejercicio, les posibilita ver, en el humilde signo de compartir el pan, la hermosa experiencia de encontrarse una vez más con quien fue su maestro, ahora, el Señor resucitado. Esta es la buena noticia de este domingo: que Dios tiene poder para volvernos a entusiasmar con la vida y convertirnos en testigos de su resurrección, animando la existencia de muchos, que deambulan por la vida, llenos de miedo y de pavor, con angustias tan grandes, que pareciera que la única puerta que se les abre es acabar con su dolor, pero de manera dramática y silenciosa: una muerte en soledad, sin pedir auxilio, con rostro de suicidio, pero disfrazado de tantas maneras que aparece camuflado como la mejor opción de ese momento. Parece increíble cómo hoy existen tantos jóvenes vulnerables, que deambulan entre nosotros sin que nos demos cuenta del dolor y carga que llevan dentro o en sus espaldas. PERO HAY UNO QUE SÍ SE DA CUENTA: ESE ES JESUCRISTO RESUCITADO: Que una vez más nos envía a nosotros, como sus propios instrumentos, para que animemos a nuestros hermanos a mirar con los ojos de la fe esta vida y construir así una existencia generosa, que vence todo dolor con las armas de la fe.

EL EJEMPLO DEL PAPA FRANCISCO: Al igual que Cristo Resucitado, que sale al encuentro de los hombres para manifestarles el amor del Padre de los Cielos (segunda lectura) El Papa Francisco va al encuentro de los miles de hermanos que hoy en Egipto están viviendo momentos de desesperanza y angustia. El Papa, con su presencia , vuelve a instalar en el corazón de aquellos que buscan a Dios con sincero corazón, una renovada esperanza, que les viene a iluminar y hacer creíble el hecho de que Dios tiene poder para arrancar del corazón humano todo aquello que lo mantiene atado a las cadenas de la muerte, la angustia y la desesperanza. El Papa Francisco, con su testimonio humilde, generoso y valiente, nos vuelve a poner frente a nosotros lo que esta imagen señala: pueden convivir la media luna islámica y la Cruz cristiana. Porque podemos caminar, de manera diferente y diversa, en presencia humilde de un mismo Padre celestial. FINALMENTE: Hoy, más que nuca necesitamos ser cada uno de nosotros testigos de este amor en el mundo, para que nadie se calle frente a los que abusan de los más débiles y los destruyen con manipulación, por medio del dolor y del espanto. Que nuestra lucha sea contra todo acto de terrorismo, desde lo más doméstico hasta lo más complejo. Que podamos tener la sabiduría y el discernimiento para poder apuntar con las armas de la fe hacia el verdadero enemigo a vencer: LA INDIFERENCIA, EL EGOÍSMO Y EL DESPRECIO.



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