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Segundo Domingo del Tiempo de Cuaresma
Boletín Pastoral: Llegar a la Cruz sin Fe es simplemente morir sin sentido
11 de Marzo, 2017
Desde la Cruz, Cristo ora a su Padre que nos perdone... Sólo un corazón transfigurado es capaz de pedir esto por sus enemigos. Esta es la esencia del cristianismo

Llegamos al segundo Domingo del Tiempo de Cuaresma y luminosamente llega a nosotros el relato de la transfiguración. Sinceramente es un texto difícil, pues nos narra una situación absolutamente sobrenatural. Una pista es entender este relato desde la perspectiva pascual, es decir, desde un enfoque de la experiencia de Cristo Resucitado, que ha pasado antes por el misterio de la pasión y muerte y que se presenta como un potente anuncio de la victoria de la vida sobre la muerte, con todo lo que conlleva esta terrible experiencia. Así, desde esta perspectiva, quisiéramos ofrecer una pista para poder hacer nuestro este relato y un día poder experimentar en nuestra vida de fe que esto también puede ser una realidad en nuestra experiencia cotidiana. Por lo mismo quisiéramos tomarnos del título de este boletín y hacer una breve reflexión, que nos haga tangible esta luminosa experiencia que Dios Padre regaló a Jesús su hijo y a los primeros discípulos testigos de este maravilloso acontecimiento.

LA TRANSFORMACIÓN ("Transfiguración") DE ABRAHAM. La primera lectura que la liturgia de la Iglesia nos ofrece este domingo es clave para entender el camino de Fe como un proceso de maduración. Cuando el Señor llama, invita a dejarse conducir. Dios se va a encargar, si lo dejamos actuar, de transformar nuestro corazón. Abraham va a experimentar en veinticinco años de camino de fe, una auténtica transformación. Sus criterios van a ser transfigurados, de tal manera, que hasta su nombre cambiará, se hará luminoso y por siempre será llamado nuestro Padre en la Fe. Abraham podrá, con la gracia luminosa de la fe, vencer en el tiempo todos los obstáculos que le imponga la vida. Dios mismo lo pondrá a prueba para transformarlo en el Patriarca que Israel necesitará como verdadero Padre de una gran nación, hasta nuestros días.

EL RELATO DE LA TRANSFIGURACIÓN: Mateo nos trae este relato, que nos habla, a esta altura, del ministerio público de Jesús, y de lo que hasta este punto es necesario, para emprender su viaje a Jerusalén. Jesús, después de esta experiencia, está preparado, transfigurado, para poder dar su propia vida, derramando su preciosa sangre, experimentando el abandono total con la fuerza de la fe y la obediencia en cruz, capaz de soportarlo todo: desde la traición de Judas, pasando por la negación de Pedro y el abandono de todos sus discípulos, más el escarnio del trato vejatorio que deberá soportar en su dolorosa pasión. Todo lo que sobrevendrá, que será motivo de reflexión en lo que reviviremos en la próxima Semana Santa, sólo se puede entender desde la perspectiva de la Obra de Dios. Él, prepara los corazones para dar el mayor testimonio. Jesús es el primer testigo de esta realidad. Dios tiene el poder de prepararnos para donarnos completamente. Porque, en definitiva, esta es la gran catequesis de este domingo: Dios, nos lo recuerda San Pablo, nos ha elegido para manifestar en nuestras vidas el gran amor con que nos ha amado en su Hijo Unigénito, otorgándonos aquellos dones para que cada uno de nosotros dé a conocer al mundo entero el auténtico amor de Dios. De tal manera que, de manera testimonial y misionera, podamos con su gracia, soportarlo todo, perdonarlo todo y en toda circunstancia o desafío, no dejar nunca de amar con potencia, amar hasta el extremo, con un Amor que salva, levanta, perdona y redime. Porque el auténtico amor no se queda encerrado en una experiencia caprichosa individual, sino que es cimiente, semilla y alimento para nutrir y saciar todas las expectativas y las esperanzas del mundo entero, necesitado absolutamente del amor y misericordia divina. Tú también puedes parte de esta misión... si te dejas transformar (transfigurar) por el Señor.



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