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Boletín Pastoral: LA OBRA DE DIOS VERSUS NUESTRO EGOÍSMO
08 de Octubre, 2017
El día que dejamos de confiar en Dios y nuestras preocupaciones nos abruman, nos volvemos homicida de nuestro prójimo.

Nuevamente la palabra de este domingo se nos ofrece en términos agrarios. Vuelve a aparecer la imagen de la Viña, que nos evoca el Edén, es decir, el proyecto original de Dios sobre el género humano. Dios nos regala el don de la vida y, junto con ello, nos regala un lugar, un ámbito donde poder desarrollar nuestra existencia. Es justo pensar que Aquel que nos ha regalado el don más precioso que puede existir, el don de la vida y de la existencia, nos invite a trabajar esperando recibir frutos por este don recibido. Lo cual en la lógica del propósito por el cual hemos sido creados es perfectamente esperable. En efecto, como hemos sido creados por amor, Dios espera, precisamente, frutos de amor como respuesta a ese amor primero recibido desde el principio del tiempo. De este modo, la Sagrada Escritura nos recuerda este domingo tres principios fundamentales: NUESTRA VIDA TIENE UN FUNDAMENTO, UN PROPÓSITO Y UNA MISIÓN. Desconocer esto trae consigo graves consecuencias.

NUESTRA VIDA TIENE UN FUNDAMENTO: En el origen y fundamento de nuestra vida está Dios. Desconocer esto es desastroso. Está en nuestro ADN. Lo complejo de la vida y existencia humana sólo se entiende incorporando la perspectiva espiritual. Y no como elaboración meramente intelectual, sino incorporando en todo lo que somos y realizamos este fundamento. No por nada Jesús es señalado en los evangelios como la roca firme y piedra angular de toda edificación. Y lo más grande que podemos construir es, precisamente, nuestra vida. Si Dios está ausente, seremos nosotros y nuestro egoísmo el fundamento y piedra angular de toda nuestra desastrosa historia.

NUESTRA VIDA TIENE UN PROPÓSITO: Cuando hablamos de propósito, hablamos de sentido. Y en sintonía con el fundamento, todo lo que hagamos se convertirá en fuente de realización de nuestro ser y por añadidura de nuestra existencia. Esto último es de vital importancia, sobre todo cuando nos detenemos a pensar en las múltiples actividades que el ser humano hoy realiza, las cuales cuando no tienen sentido pueden producir no sólo frustración y desencanto sino también destrucción. Al contrario, cuando realizamos nuestras acciones con sentido y propósito, todo lo que hagamos nos irá realizando, dejando consigo una sensación de plenitud. Así, hacer y vivir todo desde la perspectiva de la fe nos ayuda a poder hacer siempre una lectura adecuada de todas nuestras acciones. Esto evitará caer en el sin sentido la desesperación y el absurdo.

NUESTRA VIDA COMPORTA UNA MISIÓN: Hemos sido llamados a la vida para grandes cosas. No hemos sido creados para experimentar una libertad destructiva. Gozamos de una libertad y de un libre albedrío para poder hacer de nuestra vida una ofrenda agradable a Dios. Dios que es amor, nos invita a ser misioneros de su amor.

Al ser creados a imagen y semejanza de Dios hemos sido llamados a hacer presente en la creación el amor del creador. Esta es una misión importante. Nuestras acciones nos convierten así en testigos de su voluntad, y la voluntad de Dios es que el ser humano experimente vida en abundancia y que esta vida alcance a toda la creación. Al respecto, la parábola que nos ofrece San Mateo, cobra relevancia, precisamente porque los trabajadores de la viña, no siendo ellos sus dueños, se han apropiado indebidamente de todo, provocando un desorden y un desequilibrio de enormes proporciones, maltratando al prójimo y provocando una violencia homicida. Queda reflejado en la parábola que los viñadores se han rebelado frente al dueño de la misma. El dueño de la viña es Dios, los viñadores asesinos son los seres humanos rebeldes a la voluntad del Altísimo, los cuales han elegido el camino del egoísmo, del maltrato y de la violencia para conseguir sus propios fines. Jesús nos viene a advertir de esta rebeldía y sus graves consecuencias.



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