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Domingo XXI del Tiempo Ordinario
Boletín Pastoral: Los que buscan al Señor no quedarán defraudados
21 de Agosto, 2017
Finalmente, fue la fe la puerta por donde pudo entrar la salvación. Hoy, en medio de una sociedad cada vez más agnóstica, la propuesta de la fe sigue siendo absolutamente no sólo válida, sino necesaria.

OBSERVEN EL DERECHO Y PRACTIQUEN LA JUSTICIA: con ese llamado por parte del Señor, la liturgia de este domingo inicia la entrega de la Palabra de Dios para todos nosotros. El relato en sí es una invitación no sólo para los que pertenecen al pueblo de Israel, tiene, además, una enorme proyección también para los pueblos extranjeros. ¿Qué significa observar el derecho y practicar la justicia? En términos simples habría que señalar que el derecho refiere a lo escrito (la ley) y la justicia a la acción. Dios nos ha dado una ley, la cual hay que observar siempre. Ignorarla o soslayarla tendría serias consecuencias para el desarrollo normal de una persona. En este sentido, Dios ha regalado a la humanidad por medio de la primera Alianza (y es el sentido de la primera lectura que se nos ofrece este domingo) una ley que puede acompañar al ser humano en todas las etapas del desarrollo de su vida: niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez. Observándola, podremos luego hacerla vida, por medio de la acción cotidiana, durante toda nuestra existencia. En la justicia estamos llamados a dar a cada uno lo suyo, entendiendo que la realidad nos presentará cada día una manera novedosa y original de ponerla en práctica, teniendo en el horizonte, como guía permanente, la ley (el derecho) entregada por Dios, para encausar toda nuestra vida dentro de lo que llamamos los creyentes la voluntad de Dios. Esta última busca como fin el bien del hombre (bien común) y la Gloria de Dios (es decir, que la vida que Dios creó, siga su curso original, porque en ella alcanza verdadero desarrollo y plenitud). EL EVANGELIO NOS MUESTRA CÓMO SE UNE EL DERECHO Y LA JUSTICIA: el relato de la mujer Cananea que corre tras Jesús suplicando atención, es uno de los más tensos y dramáticos de todo el Nuevo Testamento. Llama la atención que Jesús ignore en primera instancia los gritos y auxilios de esta mujer. Cuando ella por fin puede mirarlo a la cara, la primera respuesta de Jesús a la situación planteada, también nos desconcierta: “he sido enviado a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Y esto es cierto. La misión de Jesús tenía un destinatario muy puntual, en ello Jesús no miente. Por eso que no inició su ministerio en África, o en otro continente. Jesús en todo observa el derecho. Pero, ante la realidad que tiene frente a su vista, finalmente actuará en justicia, gracias a su discernimiento. Lo cual se nota sobre todo en el diálogo con esta mujer. Jesús se da cuenta de que lo que a ella la mueve, es una fe tan grande que se llevará del maestro, finalmente, todas las felicitaciones.

ESPERANZA PARA LOS PAGANOS: de esto trata la segunda lectura. Que todos los pueblos te den gracias, Señor, decía al salmo para introducir la carta a los Romanos. San Pablo señala que el Pueblo de Israel observó el derecho pero se olvidó de practicar la justicia. Por eso que finalmente se convirtieron en un pueblo desobediente a la voluntad de Dios. Pero con ello se abrió la misericordia no sólo para con ellos, sino para toda la humanidad. Porque esta desobediencia es hoy habitual y generalizada. Aún así, Dios en su infinito amor pasó por alto todo eso y por su gran misericordia nos entrega en su Hijo Jesucristo, la posibilidad de una vuelta a la casa del Padre, por medio del perdón de los pecados. Es por ello que este relato quedó consignado para darnos esperanza. Hoy, cada uno de nosotros no está lejos del Señor en sentido absoluto, y lo mejor: hoy se abre la puerta de un cielo nuevo y una tierra nueva delante de nosotros. Esa puerta es el misterio pascual de Jesucristo. Por ella, cada uno de nosotros podrá entrar a participar de la vida plena que nuestro Dios nos ofrece hoy



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