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1er Domingo de Cuaresma
Boletín Pastoral: Las tentaciones de Jesús en el desierto y su triunfo sobre ellas, son el garante de nuestra victoria frente al pecado
05 de Marzo, 2017
La victoria de Jesús sobre el demonio, es garantía para nosotros de poder derrotar cada día al señor de la muerte, que busca como león rugiente devorarnos noche y día. Alimentar nuestra vida de tentaciones nos puede llevar a la muerte, no sólo de nosotros, sino de todos aquellos

Las lecturas de este primer domingo de Cuaresma nos muestran de manera clara y precisa que tanto en la abundancia como en la pobreza podemos ser tentados a dejar de lado a Dios, y suplantarlo por nuestra soberbia egoísta. Claramente queda de manifiesto que la vida y la auténtica ciencia le pertenecen a Dios. No está bien tomar de sus frutos por nosotros mismos. Estos frutos, los reparte Dios a su debido tiempo. Dios, como buen padre sabe darnos lo que necesitamos a su debido tiempo. Nosotros, con la capacidad libre de elegir, corremos el riesgo de tomar y disponer por nosotros mismos de las cosas, equivocándonos la mayoría de las veces de manera rotunda y dramática. Esto es lo que nos muestra de manera especial la primera lectura dominical. Por otro lado, Jesús en el Evangelio, en una realidad de absoluta precariedad, derrota a satanás afirmado absolutamente en el primado de Dios y en el abandono absoluto a su providencia admirable. Pasemos a revisar todo esto con un poco más de detalle.

PRIMERA LECTURA: Nos llama profundamente la atención que en un contexto de abundancia paradisiaca, Adán y Eva sucumbieron a la tentación. Cual tentación: la de querer equipararse a Dios, sobre todo en la capacidad de decidir por sí mismos acerca de la vida y decidir por sí mismos sin tener presente a Dios, acerca de lo bueno y lo malo. Esta lectura nos pone frente al pecado que hoy lo vemos repetidamente conviviendo entre nosotros, sobre todo cuando, por ejemplo, decidimos a nivel legislativo quien puede vivir o quién puede morir (entiéndase toda aquella legislación que comienza a ser parte de casi la totalidad de los países que cuentan con leyes a favor del aborto y de la eutanasia) y por otro lado, cómo, nosotros, de manera autónoma, vamos manipulando la naturaleza y el medio ambiente, por medio de la ciencia y la tecnología (las consecuencias más dramáticas son las que tienen que ver con el cambio climático, donde la injerencia humana es un hecho evidente (Laudato Sí, del Papa Francisco, donde a partir del número 16, catorce veces más se habla de esta realidad).

LA BUENA NOTICIA DE JESUCRISTO: En el Evangelio, nos encontramos con una paradoja: Jesús en la precariedad absoluta, no se deja tentar por el demonio. La realidad del desierto no es obstáculo para que Jesús nos deje de confiar plenamente en el absoluto de su Padre celestial, por ello que ni el pan que calma el hambre, ni la tentación de fama o riquezas, lo hacen olvidarse del amor de Dios. Jesucristo en todo vence porque espera confiado en Dios. Nada se puede anteponer frente al absoluto y necesidad primera de Dios. Por otra parte, no siempre nos detenemos en la parte final de este evangelio, versículo 11b. Cuando El diablo abandona a Jesús, ángeles vienen a servir al Señor. Es decir, Dios provee lo que en ese minuto Jesús necesitaba. Porque el que espera en el Señor finalmente experimenta su amor providente. Al inicio de esta Cuaresma, qué importante es tomarse muy en serio lo que estamos viviendo, estemos nadando en la abundancia o sufriendo precariedad, lo importante es no olvidarse de nuestro Padre celestial, y ponerlo a El como el fundamento de nuestro ser y actuar. Sólo así podremos colaborar para que el bien y la vida se expandan como gracia activa, de lo contrario, estaremos sirviendo al pecado que también se expande y se comunica, como nos lo recuerda la segunda lectura de San Pablo a los Romanos. La obediencia, fidelidad y abandono de Jesús, en manos de su Padre, nos ha acarreado inmensos bienes que nos ponen frente al camino de la vida. Iniciemos esta Cuaresma abandonándonos completamente en manos de nuestro Dios, en el desierto de nuestra vida.



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