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Quinto domingo del Tiempo Ordinario
Boletín Pastoral: Cuando eres luz, eres esperanza para todos
03 de Febrero, 2017
La luz es un servicio. Ayuda a otros y a nosotros para ver por donde avanzar sin peligro. La luz de Dios ilumina el corazón y la mente.

En un mundo que promueve reiteradamente la libertad personal, por lo general, el precio que se paga por poner este valor como pilar fundamental de la existencia humana es alto. Además, los valores que se alinean en esta tendencia van armando un tramado que va configurando una forma de ser y actuar en el mundo. A la libertad, se suman los intereses y la satisfacción de anhelos y deseos. Se comienza, por ende, a realzar la figura del individuo. En este sentido, no son pocos los que, por no ceder a sus propios intereses, muchas veces ni siquiera necesidades básicas a satisfacer, sino sólo gustos o caprichos, las consecuencias de promover estos anhelos de satisfacción individual impactan a nuestra sociedad de manera grave. Esto afecta todo el quehacer humano, en consecuencia, toda la sociedad: afecta, por ejemplo, la manera de entender cualquier iniciativa empresarial, afecta la manera de ejercer el trabajo cotidiano ("sacar la vuelta") afecta nuestras relaciones interpersonales, las cuales, de ser gratuitas, se convierten en puentes para conseguir fines individuales. Por eso que no hay que extrañarse que, por ejemplo, la mala distribución de la riqueza, la desigualdad, versus, el lujo y la ostentación se vuelven, en nuestro diario vivir, en realidades que coexisten de manera escandalosa. El evangelio de este domingo nos viene a regalar una luz de esperanza. Dios nos ha creado para ser luz en el mundo, para convertirnos no en sujetos que se sirven de la sociedad sino que la iluminan y la sirven. Porque, recordemos, que la luz es eminentemente un servicio, para caminar por el sendero correcto (me enseñaras el camino de la vida), para avanzar sabiendo por donde hacerlo correctamente. Parece increíble que los incendios que afectan hoy a nuestra patria, ha provocado que una vez más pueda aparecer esa luz que llevamos dentro y que Dios ha creado para que nuestra manera de actuar en favor de los necesitados encienda en ellos la esperanza. Jesucristo nos viene a recordar lo que hay en nosotros. Lo que Dios ha creado. Sin embargo, todo esto pasa por nuestro libre albedrío. Dios no nos ha programado para hacer bien las cosas, sino que nos da la posibilidad que podamos optar por la vida de manera auténtica, y eso tiene un valor agregado a cada una de nuestras decisiones que tomamos a diario.

¿QUÉ PUEDE APAGAR ESA LUZ QUE LLEVAMOS DENTRO? San Pablo, en la segunda lectura de este domingo, nos narra un testimonio. Recuerda, el apóstol, que cuando visitó la comunidad mencionada por primera vez, fue su humildad y su vulnerabilidad lo que le permitió predicar entre los corintios. Pablo, con el tiempo, fue una verdadera autoridad en estas comunidades, pero primero, inició con ellos una acción desde abajo, desde lo pequeño, desde lo humilde. Allí hay una clave para entender por dónde nosotros podemos relacionarnos con la comunidad social. Pablo tenía conciencia que lo que él anunciaba era una buena noticia que involucraba a todos, y que la acogida de este mensaje iba a provocar una experiencia de vínculos permanentes de justicia, solidaridad, cercanía, compasión y búsqueda incesante de La Paz y el bien común. Pablo luchó tenazmente contra toda creencia que promoviera los excesos y el derroche escandaloso que promovía, de paso, las bajas pasiones. Había un fundamento "de bien Social" en el mensaje de su predicación. Y por supuesto, un tenaz anuncio de nunca derribar el pilar fundamental de la fe del corazón humano. En este sentido, y respondiendo a la pregunta que planteamos más arriba, son las posturas individualistas, las ideologías ateas y la muerte del prójimo, las que tienen un efecto tóxico y devastador en toda la trama Social. Los incendios recientes en nuestra patria son un ejemplo. Esta catástrofe una vez más ha dejado ver lo peor y lo mejor de cada ser humano (de cada chileno y chilena). Cristo nos recuerda que tú y yo somos luz. Podemos servir al bien común, que es siempre mucho mejor que servirnos de los demás cuando anteponemos de manera egoísta nuestra libertad individual. Jesús nos recuerda que podamos optar con fe y libertad por el bien común. Así estaremos dando el mejor testimonio de que Dios habita en nuestros corazones iluminando todas nuestras acciones.



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