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Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario
Boletín Pastoral: Sólo la Humildad convierte el Llanto en Buenaventuranza
28 de Enero, 2017
El Reino de Dios se manifiesta en los corazones humildes, que afrontan todo desde la fe, que todo lo puede, todo lo alcanza, todo lo espera.

El Reino de Dios y su justicia, anuncio de Jesucristo en el inicio de su ministerio, no fue de fácil comprensión. Aún hoy cuesta dilucidar su irrupción y presencia en medio de nuestra realidad. Para Jesucristo el Reino de Dios es un pilar fundamental de su anuncio. El Evangelio de este domingo trata de desplegar su contenido por medio del llamado discurso de las bienaventuranzas. En él podemos contemplar de manera encarnada su presencia y efecto en las situaciones más complejas que puede vivir el ser humano en todos los tiempos: impotencia, pobreza, hambre, persecución, injusticia, etc. a los ojos del mundo estos estados del alma matan al ser humano. Desde la óptica de Jesucristo, el poder de Dios actuando (Reinado de Dios) puede revertir una vida gris y sin sentido, y convertirla en una experiencia dichosa y bienaventurada.

Según San Mateo, casi al inicio del ministerio público de Jesús, el Señor dirige un potente anuncio a una muchedumbre de personas, que se han ido convocando desde las tierras más lejanas, partiendo por las que eran más despreciadas (Neftalí y Zabulón) A esta muchedumbre, acostumbrada al sufrimiento diario, les regala una enseñanza como nunca nadie les habría entregado, con palabras tan llenas de sentido, tan esperanzadoras, sin un atisbo de odio ni resentimiento. Las bienaventuranzas se presentan así como la constitución del Reino de Dios. Sin la cual es imposible vivir los criterios del Reino de los Cielos. Las bienaventuranzas estarán presente en la vida de todos los que sean discípulos del Maestro. No manera discursiva, sino sobre todo de manera testimonial. Para llegar a la celebración de este domingo, la Iglesia nos ha venido preparando el camino con algunas memorias que la liturgia cotidiana nos ofrece. Señalamos dos: la conversión de San Pablo y los santos Timoteo y Tito. Estos últimos: discípulos de Apostoles del Señor. Y San Pablo, es ejemplo del poder que Dios tiene para convertir, en este caso, a un fariseo celoso en predicador de gentiles. En definitiva, todos ellos son testimonio vivo de cómo las bienaventuranzas son una realidad en aquellos que acogen el anuncio del Evangelio con un corazón sencillo, humilde y dispuesto. Recordemos, finalmente, que las bienaventuranzas nos conectan directamente con la voluntad de Dios. En el principio el ser humano fue creado y formado de la tierra arcillosa. No siempre entendemos esto último. La tierra nos conecta con nuestro origen. En este sentido, es la humildad la que nos conecta con nuestro ethos más profundo. En otras palabras: Dios nos pensó humildes. Y, precisamente, por medio de la humildad, podemos no sólo entender sino vivir siempre en el Espíritu de las bienaventuranzas, las cuales, además, nos regalan vivir en la voluntad de Dios. Que el Señor nos regale entrar en este espíritu, especialmente en este tiempo, tiempo de verano, de calor, de incendios, de tragedias. Pareciera ser que el Señor nos invitara a reiniciar todo, pero con un corazón humilde. Lo antiguo ya pasó, tenemos la posibilidad de iniciar un tiempo nuevo. Que este año que recién comienza, sea una oportunidad para lograrlo desde una Fe renovada y bienaventurada.



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