Columna del Pastor


Cristo Rey y nuestra realidad nacional

Ayer domingo, los católicos hemos celebrado la Fiesta de Cristo Rey. El evangelio que se nos presentaba para nuestra meditación, era el de Jesús en la cruz acompañado de dos ladrones y de la furia de una multitud que le increpaba y se burlaba de Él. Es de destacar que haya sido este y no un episodio donde se nos mostrara a un Jesús poderoso, rodeado de seguidores realizando milagros espectaculares, sino que al contrario se pusiera ante nuestros ojos a un Jesús que parecía derrotado, y humanamente solo. La tentación que se le propuso al Señor en ese momento, por boca de uno de los ladrones, era que manifestara su poder, que dejara la cruz, que venciera sobre sus enemigos; Jesús no se dejó embaucar, su camino para lograr su cometido: la salvación del ser humano, de conquistar corazones, no pasaba por el poder de la fuerza, sino por el poder de su palabra y entrega de amor. Hermoso es el ejemplo que nos da Jesús para los tiempos que nos toca vivir como chilenos, y en el que muchas veces podemos estar tentados a dejarnos convencer, como algunos parece lo están, que el poder de la fuerza y la violencia son legítimos para defendernos o para conseguir aquellos cambios que deseamos. La violencia siempre será injusta, ella no se puede validar en ningún caso. Cuando miramos nuestra realidad nacional y nos damos cuenta que de verdad hay cosas que deben cambiar, que hay hermanos que no pueden esperar y se comienza un proceso que busca soluciones a los problemas que nos aquejan, problemas que se deben solucionar con generosidad, ya. Para que no se frustre la esperanza; nos sucede que ante los hechos de violencia que nos han afectado, comenzamos a hablar más de ellos: de la destrucción, de los miedos que nos pueden producir, de ese ¿hasta cuándo?, que de las realidades que deben ser tratadas y solucionadas. La violencia una vez más es injusta, ante tantas injusticias que hemos de corregir, la violencia las opaca y nos lleva al peligro de olvidarlas. Que los cristianos y las personas de buena voluntad aboguemos y trabajemos por lo que es justo, por esa paz que se debe construir con justica y no cedamos a la tentación de la violencia. Hemos de tener cuidado, la fe nos enseña que estamos heridos por el pecado, el cual puede llevarnos a dejarnos tentar por el poder de la fuerza; hemos de saber controlar nuestras pasiones. Jesús y muchos de sus seguidores a lo largo de la historia nos señalan ese camino. Es bueno recordar a un Mandela, a Martin Luther King, cercanos en el tiempo y que hicieron grandes reformas, que llevaron a cabo grandes revoluciones, pero por vías pacíficas; no olvidemos a Gandhi que sin ser cristiano vivió los valores del evangelio, que están presente en toda persona de buena voluntad. Nos dijo el Papa Francisco en Temuco: “la violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”

El Señor en el cual creemos, sigue confiando en el ser humano, en cada hombre y mujer donde ha dejado la huella de su gloria y nos continúa invitando a que, con el trabajo, el estudio de cada día realizado con responsabilidad, con nuestra participación cuando corresponda, contribuyamos al bien y a la grandeza de nuestro mundo.

En Chile tenemos mucho que hacer, mucho que cambiar, que nadie se reste en esta tarea, pero confiando siempre en los caminos del diálogo, trabajando por la justicia que nos llevará a e reencontrarnos con la paz.

Su obispo

+Guillermo Vera




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