Columna del Pastor


Fiestas Patrias

Estamos iniciando la semana en la que celebraremos un año más de nuestra querida  Patria.

Para un creyente no es de menos importancia el haber nacido en esta u otra nación. La fe y el ejemplo de Jesús nos animan a querer  la tierra y las tradiciones del lugar donde hemos nacido;  aunque  hemos de cultivar un corazón no sectario ni excluyente, todos los hombres de todos los pueblos merecen nuestro respeto y cariño.

Jesús Nuestro Señor, amó su tierra, su gente, participó de las costumbres de su pueblo, se alegró y lloró por los suyos, asimismo ha de ser la actitud de nosotros chilenos frente a nuestro querido país.

Chile es para cada uno de nosotros un gran regalo y un gran desafío. Sí,  es un regalo haber nacido en esta tierra  hermosa en la  que junto  a muchos logros  que nos enorgullecen, tenemos el  gran don de poder vivir en paz. Respecto a esto último es bueno recordar que “la paz no es la mera ausencia de la guerra  sino que ella es sobre  todo obra de la justicia..”.

La paz, este don del cual nos alegramos, peligra, si no se asegura el bien de las personas, por eso es un desafío para nuestro país el lograr una mayor justicia social. Sin duda que podemos notar que se han dado grandes pasos en ese sentido, con todo, el bien de un pueblo no se puede medir sólo  con los parámetros económicos; hemos de mirar  también los valores que ese pueblo sustenta y que pueden otorgarle una verdadera calidad de vida.

Al mirar nuestra patria con los grande logros alcanzados, tenemos que meditar si nuestra gente, si cada uno de nosotros es más feliz. Con facilidad nos damos cuenta que no es así. No somos más felices, porque el progreso y el bienestar no han llegado a todos como quisiéramos, también nos damos cuenta que el afán frenético por trabajar y alcanzar mayores beneficios nos ha llevado en muchos casos a descuidarnos de la vida familiar y de amistad, lo que ciertamente le quita a la vida un gran sabor, hay crispación en nuestras relaciones mutuas, incapacidad de lograr acuerdos, poca generosidad para destacar lo bueno del otro, todo esto nos quita alegría. También no hemos de olvidarnos que nuestra historia creció  acompañada por la fe cristiana y sus valores que  a veces quisiéramos como arrinconar, sin darnos cuenta que la fe bien vivida nos hace más personas. Hoy como creyentes seguimos gritando como nuestros antepasados. “A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas, en el hogar”.

La grandeza de nuestra nación es un desafío para todos. Cada uno ha de aportar lo suyo. Cuando construimos una familia sólida, cuando cuidamos y defendemos el valor de toda vida, cuando trabajamos con honradez, cuando nos preocupamos de los más pobres, cuando desarrollamos los talentos que tenemos, cuando la fe nos mueve a actuar consecuentemente, estamos contribuyendo a que la paz sea un realidad y a que la grandeza de Chile no sea sólo materia de discursos floridos, sino un realidad que todos podamos gozar.

En el cumpleaños de Chile, pedimos que Dios bendiga a cada hijo e hija de esta tierra, para que podamos cumplir la tarea de hacer de esta tierra la copia feliz del edén.

Felices Fiesta Patrias.

 

+ Guillermo Vera  Soto




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