Columna del Pastor


Valor del trabajo

“Dios el Señor puso al hombre en el  jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara”, con esta  frase la Sagrada Escritura, nos enseña la hermosa verdad acerca de la confianza de Dios en el ser humano y cómo ha de ser éste el continuador y guardián de toda la obra creadora.

El trabajo es la forma en la cual cumplimos este querer de Dios. Han recomenzado ya todas las tareas, es de esperar que cada uno haya tenido la oportunidad de tener un descanso, algo también querido por Dios y que nos ayuda a mirar la obra que vamos realizando y a gozarnos en ella.

El trabajo lleva consigo una cuota de cansancio, pero hoy parece que nos cansamos más prontamente. Sin duda las exigencias son muchas al interior de nuestras actividades, sin embargo hemos de preguntarnos por qué tanto cansancio, a veces desánimo e incluso enfermedad que tienen muchas veces como causa el trabajo que realizamos. Es verdad que no siempre trabajamos en lo que nos hubiera gustado, a veces no pudimos estudiar lo que hubiéramos deseado, no se dieron las oportunidades que esperábamos, etc., con todo, podemos llegar a querer  la actividad que nos toca realizar. Hemos de mirar el trabajo no sólo como el medio de ganar un sustento, sino también como la oportunidad que tengo de colaborar en la construcción de la sociedad y saber que con mi quehacer contribuyo no sólo al bien  de mi familia sino de toda la sociedad,

El Papa Francisco nos enseña que: “a veces el problema del cansancio en nuestros trabajos no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva no aceptado.”

Cómo no invitarnos entonces a estar más atento a como realizamos nuestras actividades, aprender a mirar y gozarnos con lo que hacemos, a pensar que con mi servicio y trabajo ayudo a otros, a que puedo hacer feliz a otras personas con mi trabajo bien hecho. Como no pensar en lo importante que es poder contribuir a crear buenos ambientes en los lugares donde laboramos, a que un clima de amistad y buen trato nos ayude a no agobiarnos. Donde hay personas surgen muchas veces conflictos, pero que importante sería tener presente aquello de: “en cuanto de ti dependa procura estar en paz con todos”.

El trabajo ha de ser motivo de alegría y plenitud para la persona. Los que creemos, cada día al comenzar nuestra tareas, pidamos la bendición del Señor y ofrezcamos a Él las obras que vamos a realizar con profesionalismo y  generosidad; quienes no creen procuren con su capacidad hacer las cosas bien y colocar buena onda a su alrededor, así todos nos sentiremos cuidando y guardando nuestro mundo y los trabajos no nos cansarán tanto o si nos cansan, que sea con el cansancio alegre de haber hecho lo que nos correspondía y bien.

Dios bendiga  y haga prósperas las obras de nuestras manos, de nuestras inteligencias.




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